Fallece Andrés Montes en su casa de Madrid
Posteado por caguenross en octubre 17, 2009Fuente: http://www.lasextadeportes.com/noticias/ver/fallece_andres_montes_en_su_casa_de_madrid/182673 .
El periodista deportivo Andrés Montes ha sido hallado muerto esta noche en su domicilio de Madrid. La noticia se ha conocido pasadas las 22:00 horas del viernes 16 de octubre

Se nos ha ido el jugón por excelencia. DEP
Un familiar de Montes ha sido el que ha encontrado el cuerpo sin vida del comentarista deportivo y ha avisado a la policía. Al domicilio de la víctima, en el distrito de Chamberí, han acudido varios coches patrulla de la policía y una unidad del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid.
Montes, que falleció a los 53 años, fue trasladado al Instituto Anatómico Forense, donde mañana se le practicará la autopsia. Sobre las 22.00 llegó un juez forense para ordenar el levantamiento del cadáver. Aún se desconocen las causas de la muerte y en las próximas horas se esclarecerán los hechos.
El comentarista deportivo fue hallado muerto en su domicilio de la calle Espronceda, en el distrito de Chamberí. La Jefatura Superior de Policía de Madrid confirmó que el cuerpo no presentaba signos aparentes de violencia.
Andrés Montes fue la voz de laSexta en fútbol y baloncesto desde el año 2006, convirtiéndose en santo y seña de las retransmisiones en laSexta. Probablemente el estilo más reconocible de narrar el deporte en España se acaba de apagar para siempre.
Su última locución fue la final de Polonia en la que España se proclamó campeona del Eurobasket 09 y que retransmitió desde laSexta para todo el territorio nacional.
laSexta manda sus condolencias a la familia y allegados de un hombre que lo ha dado todo por nosotros y que ha sido uno de los símbolos de nuestra cadena desde los comienzos.
Internet ha recibido la noticia con gran impacto y las condolencias no se han hecho esperar. Cantidad de comentarios invaden la Red intentando dedicar un último adiós al gran comentarista. El primer tributo hacia su persona no se ha hecho esperar y llega desde YouTube. El cariño de los internautas se demuestra a cada minuto.
Aún recuerdo cuando Andrés Montes dejó las madrugadas de la NBA en Canal + junto a su querido Antoni Daimiel
Y hace apenas cuatro días dejaba la sexta con la retransmisión de la final del Europeo de Baloncesto
El 16 de Junio de 2009 le dediqué un post añorando esas noches de NBA titulado
¡Vaya piedra, Daimiel! Piedra total y absoluta me había reido mucho con ese video y decidí ponerlo
Siempre recordaremos su diccionario de basket NBA: http://archivo.marca.com/305/andresmontes/diccionario.html lugar de visita obligada para mucha gente a la que le gusta el baloncesto NBA
También recordaremos aquel España 4-0 Ucrania en el que retransmitió una de las narraciones de gol más intensas (cercano al gol de Señor) escuchadas en Televisión… el gol de Puyol…
Pero reducir a solo esto la vida de Andrés Montes me parecería una falta de respeto.
Me gustaría leer en los próximos días lo que dicen sobre su fallecimiento Epi, Iturriaga, Julio Salinas y sobre todo Antoni Daimiel… con el que estuvo 11 años retransmitiendo esas veladas míticas en canal plus en las que hablaron de todo: del Calabazas Club, del Presidente del Consejo de Administración de Gepetto Brothers, de Chocolate Blanco, de comida y de restaurantes (tuve que acudir muchas veces al frigorífico del hambre que me daba al oirles), de refranes que gustaban más o menos, de Chupa Chups, de manías varias y de cine… cine de autor, por supuesto a esas horas era lo que pedía el cuerpo… algo metafísico, nada de Dreyer, Tarkovski o Bresson…
¡EL JUGÓN HA MUERTO! ¡VIVA EL JUGÓN!
Descanse en Paz
Daimiel: Vivo en un escalofrío continuo. Se ha ido un genio y uno de mis mejores amigos..
El shock perdura y me cuentan q los pésames y homenajes arrasan y baten records en internet. Su hijo Nelson con la pajarita en el Tanatorio.
Juanma Iturriaga: http://lacomunidad.elpais.com/baloncesto/2009/10/18/joder-andres-esto-se-hace




Entrevista a Daimiel en marca.com
http://www.marca.com/2009/10/19/baloncesto/nba/1255974037.html
Andrés Montes, según su amigo Daimiel
Recuerda perfectamente el día que lo vio, mucho tiempo antes de que empezaran a trabajar juntos. Más de 15 años después, su amistad era verdaderamente especial. Antoni Daimiel habla para MARCA.com sobre Andrés Montes. Pocos lo conocían tanto.
Para todos nosotros, Antoni Daimiel fue ‘Crónica en Rosa’ porque el mote se lo puso el mejor. Nadie ha compartido más horas en plató con Montes, y muy pocos lo conocen más íntimamente. Quizá nadie. Hasta el último día, Daimiel recibió la llamada diaria de su pareja de hecho. Para hablar, para preguntar. Para lo que fuera. “Tenía pocos amigos porque era él quien te elegía. Era muy exigente con los amigos, ponía el listón alto. Eso sí, cuando te elegía, no te podías negar”, dice el periodista de Digital +.
La primera vez que lo vio, en una terraza cerca del Sánchez Pizjuán (Antoni era un ‘machaca’ de ‘El Día Después’, Montes radiaba), comieron juntos con otros periodistas y ya le hizo gracia. Al tiempo estaban sentados en un plató, inventando, dándole la vuelta a la forma de narrar un partido de lo que fuera. “En nuestro primer viaje juntos, al All Star de San Antonio, me sorprendió lo que me dijo: ‘Daimiel, para lo joven que eres, qué serio y calmado eres. Pareces más mayor”, dice Antoni. Y así comenzó la amistad.
Conocer a Andrés Montes es conocer su vida. Nacido de madre cubana y padre gallego, ella, virtuosa pianista llamada Zenaida Manfugás, lo dejó criarse con Lore, un ama de cría, mientras ella recorría el mundo de recital en recital. Cuando su madre biológica volvió a buscarlo, ya adolescente, Montes la rechazó. Lore era su madre. “Cuando ella viene a España, la Reina va a los recitales”, contaba Montes a sus más íntimos sobre la mujer a la que no llamaba madre.
En su casa de la calle Hortaleza de Madrid creció un niño negro en el Madrid de los años 60. “Él siempre contaba que iba en el autobús y, aunque había gente de pie, nadie se sentaba a su lado. Mantenía que España era un país racista, sólo que hasta los 90 apenas había gente de otras razas. Que si esto hubiera sido Francia, hubiera sido diferente”, cuenta Daimiel. Así, desarrolló un orgullo de raza importante: “Cuando estuvimos en Atlanta y Memphis, lo vi emocionado en la casa donde nació Martin Luther King y en el Motel Lorraine, donde fue asesinado”, relata su amigo.
Así, creció en Montes una personalidad peculiar. Enamorado de todo lo que llegada desde los Estados Unidos “desde que tenía 18 años”, era un erudito en los temas que le interesaban: “Del conflicto vasco era impresionante lo que sabía. Conocía muchísimos datos, compraba libros por Internet que en Madrid ni se vendían, nunca daba nada por supuesto. No descartaba ninguna opinión. Cuando lo conocí, estaba invirtiendo en el Sudeste asiático y me hablaba de cosas que me sonaban a chino”, relata Antoni. Y en la música, con el periodista José Vicente Delfa vendiéndole discos de su tienda. Y sobre ropa, o sobre gastronomía.
El genio de Montes
Su genio, esa capacidad de vender espectáculo desde la improvisación, es absolutamente inimitable porque no parte de nada más que de su personalidad. “Le salía natural, de su sangre cubana. Vivía de la improvisación. Las frases que se pensaba más eran las peores. Hay que gente que confundía eso con ser vago, pero no era así”, dice su compañero.
Los motes, esos que le hicieron famoso, tenían un curioso proceso: “Él los soltaba en una retransmisión, sin prepararlos. Me miraba a mí, y si me reía, los repetía. Así los iba creando. Ha habido motes que se han perdido por el camino porque a él directamente se le han olvidado”, dice Daimiel.
Y para los propios jugadores, de fútbol o baloncesto, lo admiraban. “En un Partido de los Rookies, Marc Jackson [actual jugador del Obradoiro], que había ido a la NBA desde el Lobos, nos señaló antes del salto inicial”, dice Daimiel. Era, posiblemente, el momento más importante de su carrera. “Al año siguiente, Gasol hizo lo mismo”, añade. La imagen de Montes se hizo habitual para la gente de la NBA. “Como lo veían así vestido, realmente mucha gente no sabía quién era, pero lo saludaban. Hay dos personas que siempre lo hacían: el reverendo Jesse Jackson y Billy Hunter, presidente de la Asociación de Jugadores. Y Montes ahí, que no sabía inglés…”, se ríe Antoni.
La verdadera amistad
La mayoría de los amigos de Montes provienen del periodismo (muchos han desfilado por los medios estos días), pero entre los deportistas hizo buenas amistades. Los hermanos Llorente en baloncesto, el defensa del Mallorca Pep Martí o varios jugadores del Depor, sobre todo Manuel Pablo, lo eran.
Pero Daimiel tiene una reflexión que se puede aplicar a mucha gente que se muere: “Cuando pasa esto parece que hay más amigos de los que realmente había. He pensado mucho el juego que habría dado en una mesa de un restaurante comentar con Montes todo lo que está saliendo”. Y otra: “Andrés se hubiera llevado un alegrón al ver cómo sus seguidores han ganado por goleada a sus detractores. Él creía que había tantos de unos como de los otros, pero se ha demostrado que eran muchos más los que lo admiraban que los demás”, dice Antoni.
Y para acabar, le pedimos a Daimiel que defina a Montes: “Un genio inconsciente de su genialidad”, dice. No encontrarán otra definición mejor, porque quien lo dice sabe de lo que habla.
http://www.facebook.com/note.php?note_id=175768292128&id=1606301599&ref=mf
HORROR AL VACÍO, de Antoni Daimiel Bolaños
miércoles, 28 de octubre de 2009 a las 10:14
Como mucha gente no ha podido leerlo aquí os copio el artículo que firmé y publicó El Periódico de Cataluña el pasado día 25 dentro de su sección Cuaderno de domingo:
“Si siguen diciendo que el vacío es movimiento a distintas velocidades por algo será. El vacío dejado por Andrés Montes es iracundo, proporcionado a la virulencia del arranque y la aceleración de su marcha. Aunque sé que le gustaba más Ian Fleming yo he recurrido a Aristóteles para encontrar explicaciones: La flecha empujada por el arco avanza en el espacio y el aire acude rápido a ocupar el espacio por el horror al vacío, empujando a la flecha de tal manera. Así se ha ido Montes, como llegó y como vivió. Fugaz, tajante, como un torbellino. Un personaje de una película que ha sabido a poco, referente de un guión sorprendente de principio a fin. Un juguetón con herencia de aventura gallega y arte caribeño. Descendiente de virtuosos como Nené (inventor del tres cubano) y Zenaida Manfugás (prestigiosa concertista de piano) las circunstancias llevaron a Andrés a representar el papel de un negro de Chamberí que buscaba la dicha por la calle de en medio, con ese caminar tambaleante y frágil centro de gravedad sobre pies planos, sin clavel en la solapa y con sombrero, abrigo largo, gemelos dorados y zapatos brillantes.
Quería vivir en rebeldía con apariencia de aristócrata, como un hidalgo socialdemócrata preso de la originalidad. Cuando un día se afeitó la cabeza lo decidió para siempre, para no despeinarse por un camino empedrado desde la salida. Se quedó con cara de luna llena sonriente mientras viajaba en ese trueno sin frenos que no le dejaba percatarse de las cosas simples, feas y sin clase. La vida se empeñó siempre en ponerse del lado erróneo porque no hay tanta gente dispuesta a gastar tiempo en entender a un elemento tan dispar.
Disfrutábamos con nuestros papeles cambiados. Él, casi quince años mayor, era atrevido y arriesgado, más impulsivo. Con sólo una mirada me pedía que pusiera la cordura. Me acabé percatando de que en su vida no había acumulado excedentes de ternura y por eso se mostraba parco y selecto en el reparto. Me tocó. Me impuso, disimulado, su amistad sin remisión. Un experto en desconfianza como él, que veía el veneno antes de que la cobra abriera la boca, quería que le escuchara y le diera mi parecer. No pude negarme. El showman al que me tuve que adaptar sobre el escenario se puso el primero en la lista de números frecuentes de mi tarifa de MoviStar. Me eligió su mar en calma, su centinela. A partir de ese momento no dejó de sorprenderme y de nutrir al personaje.
Le conocí siempre una salud de “cristal de Bohemia”. Achacoso, hipocondriaco, se regocijaba en cualquier sitio con el uso de la lanceta y el glucómetro del estuche para diabéticos. Sobrevivía con los bolsillos llenos de pastillas contra la hipertensión, las malas ideas de su corazón en forma de anginas de pecho y las secuelas de un riñón extirpado por cáncer en una glándula suprarrenal. Un cuerpo frágil soporte para unos motores forzados a altas revoluciones que encontraba el sentido de la vida tumbado en el sofá de piel negra y buena del salón de su casa. Como un Leo Bassi del periodismo renegaba de esta profesión convencido de que no servía de nada perder tiempo buscando la suerte y de que la dignidad del trabajo era una farsa interesada.
Un día le llamaron frívolo y le acusaron de sólo buscar la risa de la audiencia. Andrés asintió con orgullo. El recurso de la repetición era imprescindible para la consolidación de los latiguillos y apodos y su trabajo, puro repentismo, sólo respiraba a través de la improvisación. Planificar era adulterar, un guión en su labor resultaba agua para chocolate. La adopción de papeles, los gestos, el estilismo y la orientación de los tiempos muertos de los partidos surgían sobre la marcha. Once temporadas, más de mil partidos y más de veinte viajes a Estados Unidos juntos. A borbotones surgieron con nocturnidad y emisión en vivo el Calabazas Club (por un centro de vacaciones donde acudió Charles Barkley para adelgazar), la cocina italiana en Detroit, el cine de Steven Seagal, chupa-chups, churros, chirimoyas, especias, mamparas y cortinas de baño.
El sentimiento masivo que ha provocado su marcha es una conmemoración a la eternidad de su registro. No sé de nadie que haya dejado tantas comidas y cenas pendientes pese a que descubría virtudes en gente que pasa desapercibida y obviaba a los triunfadores consolidados. Ninguno de los dos habríamos imaginado que su ausencia abrupta cambiara el ritmo respiratorio de tanta gente. Pero Andrés, te confieso que en esa fatídica noche del viernes 16, en el portal de tu casa, predije, entre amigos, que íbamos a leer y escuchar auténticas barbaridades en estos días. Me quedé corto. Siempre pensaste que la gente podía perder la compostura y beber agua por señas con tal de tratar de instrumentalizar a libertinos como nosotros… A un cimarrón como tú.”
Antoni Daimiel
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2009/731/1255816812.html
PERDEDOR
ANDRÉS MONTES
JAVIER CABALLERO (jefe de Edición de Magazine)
La muerte se te lleva en pretemporada, compañero. Demasiado pronto cesa la trova cubana de la locución deportiva. Triste adiós para el son del calvo guasón con gafas de Imagine y verbo de tiroteo. Echas el telón con la función a medio terminar. Ahora que se te habían cortado las alas, ni da tiempo a que busques otros horizontes. Jodido Atlético. Jodida columna perdedora. Yo la adornaría con una pajarita de Hackett de Londres, of course, como flor póstuma.
Hace unos días, soto voce, me contabas tanto desencanto por culpa de tu salida de la televisión… Nada de terciopelo. Nada de recolocación en busca de un destino que se adecuara a tu palabrería sin interrupción. Quizás pensaron que el negro chistoso ya había tenido demasiado balón, balón, balón. Hablabas de tu despedida de la primera línea periodística como la mayor tragedia que habías vivido en 30 años que llevabas en el oficio. Yo te dije: «Por Dios, Andrés, será el berrinche del que le han echado». No quisiste o no pudiste deslizar más detalles. La desilusión era tan grande que no querías salir a la calle para no responder a compañeros ávidos de saber qué derrotero ibas a tomar. Estabas realmente jodido. Y eso es muy triste en un Rh caribeño como el tuyo. Vale, yo tampoco adoraba tu manera de narrar. Sin embargo, detrás de tu calva de Yul Brynner del Trópico percibí un hombre luchador, un cubano que quiso exprimir la vida y hacérsela agradable a los demás. Intuí al niño negro en un colegio de niños blancos con queso blanco del Plan Marshall. Lo corroboré en la distancia corta de tu hogar. Enfrente de tu estantería de cristal, repleta de música y emociones, comprobé que, detrás de la bata cara que llevabas, se escondía la chamba del tío que llegó a esto de juntar palabras por casualidad. Me gustaba la paradoja periodística de que, a dos portales de tu salón, estuviera Europa Press. Me dejaste una foto de Sachetti, un ala-pívot de la selección italiana de los Antonello Riva y Dino Meneghin. María, tu esposa, sigilosa y de modales exquisitos, nos puso patatas y aceitunas mientras echaba de menos al Depor de Bebeto y Mauro Silva. Cómo contrastaba tu atuendo de dandi con los libros de alta política. Me llamaba la atención tu curiosidad por el que hacen llamar conflicto vasco. Tú que habías visitado la Rusia comunista antes de que se derritiera la Guerra Fría. Comentabas, con todo lujo de detalles, la atomización soviética como un niño al que instruyen en relaciones internacionales y le acaban de dar un bloc en blanco. Ahora, preguntarán los detalles, el laberinto de tu adiós, a Roberto Gómez, a García Caridad, a Melchor Miralles, a José María García, a Daimiel, el de la NBA, y al bueno del ruso, Chechu Viriukov, tu agente y el de Iturriaga y el tío que metía los triples más rectos de la historia del baloncesto. No sé si te canonizarán, Andrés. Pero yo hubiera dejado que los niños se acercaran a ti en los campos de fútbol, que una avalancha de chiquillos te sobara y manoseara ese cráneo lleno de paridas y de motes. Si hasta la cadena verde te puso seguridad privada por cuestiones de orden público… La misma donde pasaste a los anales poniendo banda sonora al Mundial de Japón, a la plata de Madrid, y al oro de Polonia.
Bien sabías que la muerte mitifica. Pero tú querías vivir, con tus achaques de juventud, tu abstemia por cuestiones médicas y tu gusto por sentarte a la mesa en templos del buen yantar, preferiblemente en Guipúzcoa. Que suene cualquier tema de Van Morrison en tu honor. Un beso a tus hijos, a los que no tengo el gusto de conocer, pero que si llevan tu sangre, habrán salido cosecha de tiquitaca y juego preciosista. Camarada, espero que donde estés, haya risas, que te pongan apodo y te hagas colega de la pandilla. Y que pasen el balón al niño negro. Que sólo quiere jugar.